En enero de 2007, el precio de la tortilla en México se disparó hasta un 40% en pocas semanas. El fenómeno, bautizado como el “tortillazo”, puso de manifiesto las contradicciones de un modelo económico que había transformado a México de potencia maicera autosuficiente en importador masivo de maíz estadounidense. Los documentales que analizaron esta crisis son también documentales sobre identidad: porque en México, la tortilla no es solo alimento.
El maíz como cosmología
Para los pueblos mesoamericanos, el maíz no es simplemente un cultivo. Es el material del que están hechos los seres humanos, según el Popol Vuh y otras narrativas cosmogónicas. Esta dimensión sagrada del maíz no es solo arqueología: está viva en las comunidades que mantienen prácticas rituales alrededor de la siembra, la cosecha y el consumo del maíz.
Los documentales que han explorado la relación de México con su maíz han encontrado esta capa de significado debajo de la capa económica y política. Una campesina que cuida sus milpas en Oaxaca no está solo manteniendo un cultivo: está conservando una relación con el mundo que tiene tres mil años de historia.
El TLCAN y la milpa
La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994 tuvo consecuencias devastadoras para la agricultura de subsistencia en México. El maíz subsidiado de los Estados Unidos entró al mercado mexicano a precios con los que los pequeños agricultores no podían competir. Millones de campesinos abandonaron sus milpas y migraron — a las ciudades mexicanas, a los Estados Unidos.
Los documentales sobre este proceso han capturado tanto las estadísticas como los rostros: las comunidades vaciadas, los agricultores ancianos que siguen sembrando maíz criollo porque no conocen otra forma de vida, los jóvenes que regresaron a sus pueblos después de años en el norte y encontraron los campos abandonados.
La resistencia del maíz criollo
Frente a la expansión del maíz transgénico y las variedades comerciales uniformizadas, hay un movimiento de agricultores, científicos y activistas que trabaja por preservar las más de sesenta variedades de maíz criollo que existen en México — una biodiversidad que es patrimonio genético de la humanidad entera.
Los documentales que siguen a estos guardianes de semillas muestran algo que los informes de política pública no pueden transmitir: la dignidad de las personas que se niegan a abandonar sus variedades de maíz locales, la sabiduría acumulada en décadas de selección y cultivo, el orgullo de quien sabe que está preservando algo irreemplazable.
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