El primero de enero de 1994, mientras el mundo celebraba el nuevo año, un grupo de indígenas mayas tomó por la fuerza varias ciudades en el estado de Chiapas, México. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional emergió de la selva Lacandona al mundo con un comunicado que comenzaba con palabras que se volverían históricas: “Hoy decimos ¡Basta!” Treinta años después, el movimiento zapatista sigue siendo una de las experiencias políticas más singulares del continente — y también uno de los fenómenos más documentados.
El subcomandante Marcos y la cámara
Pocas figuras políticas del siglo XX entendieron el poder de la imagen documental tan bien como el subcomandante Marcos. Su máscara de pasamontañas, su pipa, su prosa poética — eran elementos calculados de una estrategia comunicacional que transformó a un movimiento guerrillero sin posibilidades militares reales en una fuerza de impacto global.
Los documentalistas que llegaron a Chiapas en los años siguientes al levantamiento encontraron un movimiento que los recibía pero que también los desafiaba. Los zapatistas tenían una conciencia muy clara de la diferencia entre ser documentados y ser apropiados. Concedían acceso, pero ponían condiciones. Hablaban para la cámara, pero en sus propios términos.
La autonomía como proyecto
Lo más interesante de los documentales zapatistas realizados desde los años 2000 no es el levantamiento de 1994 — ese ya fue documentado exhaustivamente — sino el proyecto de autonomía que se construyó en los años siguientes. Los Caracoles, los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, las juntas de Buen Gobierno: estas estructuras de autogobierno indígena que funcionan paralelas al Estado mexicano son la historia que menos se ha contado en el mundo.
Las comunidades zapatistas han construido sistemas propios de salud, educación y justicia en condiciones de extrema dificultad, sin recursos del Estado y bajo presión continua de grupos paramilitares. Los documentalistas que han conseguido acceso a estas comunidades han registrado algo excepcional: la evidencia de que otro modelo de organización social es posible, aunque frágil y costoso.
Las mujeres zapatistas
Uno de los aspectos más subrepresentados en la cobertura inicial del zapatismo y mejor capturado por los documentales más recientes es el papel de las mujeres. La Ley Revolucionaria de Mujeres, proclamada por el EZLN en 1994, fue tan radical para su contexto como cualquier otra proclama del movimiento: establecía el derecho de las mujeres indígenas a participar en la política, a elegir marido, a no ser obligadas a casarse, a acceder a cargos de dirección.
La implementación de esa ley ha sido un proceso largo, contradictorio y en muchos aspectos incompleto. Los documentales que han seguido a mujeres zapatistas durante años muestran tanto los avances reales como las resistencias que persisten dentro de las comunidades.
El zapatismo a los treinta años es una historia que continúa escribiéndose. Los documentales que lo siguen son, en ese sentido, un trabajo siempre inacabado.
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