El rock llegó a México desde los Estados Unidos en los años 1950 y encontró aquí un terreno fértil pero hostil. Los gobiernos del PRI veían en él una amenaza a la moral y al orden social. Las familias de clase media lo asociaban con la delincuencia. Las radios lo resistieron durante años. Y sin embargo, o quizás por todo eso, el rock mexicano desarrolló una personalidad propia que hoy es reconocida en todo el mundo hispanohablante.
Los pioneros del rocanrol en español
Carlos “El Loco” Marín, Enrique Guzmán, Los Teen Tops, Los Locos del Ritmo — estos nombres de los años 1960 representan el primer rock mexicano: básicamente versiones en español de hits anglosajones, con una energía que escandalizaba a los adultos y fascinaba a los jóvenes. La Onda Chicana, como se llamó a este movimiento, tenía más de moda que de revolución cultural.
La transformación llegó con El Tri — originalmente Three Souls in My Mind — y su vocalista Alex Lora, quien a finales de los 1960 comenzó a hacer rock en un español desenfadado, callejero, que hablaba de las realidades cotidianas de la clase baja urbana mexicana. Era el rock de los que no iban a la universidad, de los de la vecindad, de los que trabajaban en la obra. Era genuinamente mexicano.
El Rock en tu Cara y Avándaro
En 1971, el festival de Avándaro en el Estado de México reunió a 200,000 jóvenes en lo que fue bautizado como “el Woodstock mexicano”. El gobierno de Luis Echeverría entró en pánico: prohibió los conciertos de rock masivos durante años, y el rock mexicano fue empujado a la clandestinidad de los hoyos fonky — locales improvisados en bodegas y garajes donde la contracultura se refugió y desarrolló.
Estos años de prohibición produjeron el efecto contrario al buscado: el rock se radicalizó, se politizó y desarrolló una identidad de resistencia que definió al movimiento durante décadas.
Café Tacvba y la síntesis posmoderna
La generación de los 1990 — Café Tacvba, Molotov, Plastilina Mosh, La Maldita Vecindad — llegó a la mayoría de edad creativa en el contexto del declive del PRI y la llegada de MTV a México. Estos artistas tomaron el rock como base y lo mezclaron con cumbia, ska, música regional, hip-hop y todo lo que encontraron a su alcance, creando un sonido mexicano que era radicalmente contemporáneo y profundamente local al mismo tiempo.
Café Tacvba es el ejemplo más notable: una banda que puede hacer una canción de ska sobre el tráfico de la Ciudad de México y a continuación una balada a cappella con estructuras prehispánicas, y que en ambos casos suena auténticamente a sí misma.
Los documentales sobre rock mexicano que han abordado este arco — de los pioneros de los 1960 a los experimentadores de los 1990 — están documentando una de las expresiones culturales más ricas y menos reconocidas de México en el siglo XX.
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